Sunday, February 25, 2018

El Antiguo Régimen


La Europa del Antiguo Régimen
Se denomina Antiguo Régimen al sistema social, político y económico vigente en diversos países europeos durante la edad moderna –ss. XVI, XVII y XVIII–. Se caracterizaba en lo social por la estructura estamental, en lo político por el predominio de la monarquía absoluta y en lo económico por la supervivencia del feudalismo y el desarrollo de un capitalismo de base comercial.
• Régimen demográfico y estancamiento de la población
El régimen demográfico de este período se caracterizó por unas tasas de natalidad y mortalidad muy elevadas, una corta esperanza de vida y la existencia de unas crisis demográficas periódicas que provocaban una mortalidad catastrófica y que dificultaban el crecimiento de la población.
La tasa de natalidad se situaba entre el 35 ‰ y el 45 ‰; cada mujer acostumbraba a tener una media de cinco hijos. La tasa de mortalidad oscilaba entre el 30 ‰ y el 40 ‰. Estas altas tasas de mortalidad afectaban especialmente a los grupos sociales más desfavorecidos y a la población infantil. Se calcula que morían entre el 20 % y el 30 % de los niños menores de un año. La esperanza de vida al nacer era de unos 30 años.
La población padecía periódicamente los efectos de graves crisis de subsistencia que provocaban una mortalidad devastadora y, a largo plazo, un estancamiento de la población. Los factores que incidían de forma negativa sobre la población y que provocaban este tipo de mortalidad eran el hambre, las epidemias y las guerras.
En el s. XVIII, la monarquía y los estamentos privilegiados gozaban de unas prerrogativas que contrastaban con las carestías a las que estaban sometidas las clases populares. El palacio y los jardines de las Tullerías de París, grabado del s. XVIII (Biblioteca de las Artes Decorativas, París, Francia).
La base de la alimentación eran los cereales, por lo cual la subsistencia iba ligada a las oscilaciones del precio de estos productos, sobre todo, del trigo. En las épocas de malas cosechas, los precios se disparaban, el hambre se extendía, la tasa de mortalidad se incrementaba y la tasa de crecimiento natural de la población descendía. Por otra parte, en los períodos de prosperidad económica se producía un incremento de la natalidad, una reducción de la mortalidad y, en consecuencia, un aumento demográfico. Sin embargo, estos períodos duraban poco tiempo, ya que la producción agrícola no era capaz de crecer al mismo ritmo que la población y acababa produciéndose de nuevo una crisis de subsistencia que hacía disminuir la población.
La mala alimentación, la falta de higiene y el retraso de la medicina aumentaban la incidencia de las epidemias endémicas, que periódicamente producían un descenso considerable de la población.
La guerra también afectaba negativamente al crecimiento de la población. A los muertos en el campo de batalla había que sumar la destrucción de las cosechas y la consiguiente época de hambre, el descenso de los matrimonios y de los nacimientos, y las infecciones y epidemias que provocaban los cadáveres insepultos.
La sociedad estamental: desigualdad y privilegio
La sociedad del Antiguo Régimen estaba organizada en estamentos o grupos que tenían un estatuto jurídico particular. Se pertenecía a un estamento por nacimiento o por herencia y no era fácil la movilidad social.
Los estamentos privilegiados, la nobleza y el clero, no pagaban impuestos, pero sí que tenían derecho a recibirlos, y disponían de tribunales propios. Estos privilegios se justificaban por haber sido concedidos por la corona o porque se habían ejercido ininterrumpidamente desde tiempos muy antiguos. El estamento no privilegiado –tercer estado–, que englobaba al resto de la población (burguesía, clases populares urbanas, campesinado), estaba obligado a pagar impuestos y quedaba excluido de la participación en la vida política. La desigualdad ante la ley y ante las cargas fiscales de la sociedad era la característica principal de la sociedad del Antiguo Régimen.
Noble francés del s. XVIII, grabado de Desrais y Duhamel, 1786 (Biblioteca de las Artes Decorativas, París, Francia).
La sociedad se organizaba según las funciones que realizaba cada estamento: el clero se ocupaba de rezar y de asegurar la protección divina; la nobleza combatía y protegía a la colectividad de sus enemigos; el tercer estado producía los bienes materiales que la sociedad necesitaba.
• Los estamentos privilegiados
El clero representaba entre el 0,5 y el 0,75 % de la población. Sus ingresos provenían del diezmo –una décima parte de las cosechas y de los frutos anuales– y de las rentas de sus numerosas propiedades, especialmente tierras.
·         El clero: No era un grupo homogéneo, sino que estaba formado por dos grupos: el alto clero –cardenales, obispos, abades–, cuyos componentes pertenecían a familias de la nobleza, y el bajo clero –sacerdotes de parroquias–, que provenía de la pequeña burguesía o del campesinado. El primero tenía unas formas de vida similares a las de la nobleza y el segundo vivía modestamente y a menudo participaba de las aspiraciones populares.
·         La nobleza: Constituía el núcleo fundamental de la clase dominante; representaba entre el 1 % y el 2 % de la población. Vivía de las rentas que le generaban sus propiedades territoriales y podía acceder a cargos públicos y oficiales.
La nobleza tampoco era un grupo homogéneo, y en su seno había tres categorías: la nobleza de corte, grupo minoritario formado por la élite, que poseía grandes fortunas; la nobleza de provincias, que vivía de las rentas y de los derechos que derivaban del señorío territorial, y la nobleza de toga, que incluía a los nobles, que controlaban el aparato administrativo y judicial del estado.
• El tercer estado: burguesía, clases populares urbanas y campesinado
El tercer estado representaba más del 95 % de la población. En su seno había una gran complejidad social. Estaba formado por grupos que tenían en común la necesidad de trabajar, la obligación de pagar impuestos y el interés de reivindicar la igualdad civil, aunque entre ellos existían enormes diferencias económicas y de nivel de vida. Hay que distinguir fundamentalmente tres grupos: burguesía, clases populares urbanas y campesinado.
·         La burguesía: Era el grupo más dinámico del tercer estado y, en general, de toda la sociedad. Desde finales de la edad media había desarrollado un potencial económico que la fue equiparando con los estamentos privilegiados. En el s. XVIII inició el ascenso hacia el reconocimiento social y el control del poder político. Dentro de la burguesía existía la burguesía rentista (que vivía de las rentas de sus propiedades o de su capital e imitaba tanto como podía las formas de vida de la aristocracia); la financiera (formada por banqueros y cobradores de impuestos); la manufacturera y comercial (formada por grandes comerciantes e industriales) y, finalmente, la pequeña burguesía, que agrupaba a artesanos, pequeños comerciantes y profesiones liberales (como abogados o médicos).
·         Las clases populares urbanas: Estaban compuestas por los trabajadores de los talleres artesanales (oficiales y aprendices), los obreros de las manufacturas y los numerosos grupos de mendigos y vagabundos. Sus condiciones de vida eran precarias.
·         El campesinado: Era el grupo más numeroso de la población del Antiguo Régimen. La gran mayoría no eran propietarios de las tierras que trabajaban, y algunos incluso eran siervos, como ocurría en la Europa oriental. Tenían pocos recursos económicos y estaban sometidos al régimen señorial. Estaban obligados a pagar impuestos y a realizar prestaciones a la corona, a la nobleza y al clero, como por ejemplo el diezmo, las tasas por el uso del molino y del horno o las corveas.
El sistema político: monarquía absolutay parlamentarismo
La monarquía absoluta era el sistema político habitual en la Europa del Antiguo Régimen. Al mismo tiempo, y a diferencia de lo que ocurría en la mayoría de los estados europeos, durante este período se instauró en Inglaterra y en los Países Bajos un sistema político que garantizaba la hegemonía del Parlamento frente al poder del monarca.
• El poder de los monarcas absolutos
El rey ostentaba todo el poder del estado. La soberanía real era entendida como una atribución de origen divino, que confería al monarca una serie de derechos y de atribuciones en todos los ámbitos de la vida política: nombraba magistrados, administraba justicia, controlaba la Iglesia y el ejército y dirigía la política exterior. Los nobles habían cedido a la monarquía una parte de los derechos jurídico-políticos que habían disfrutado en la edad media (como la administración de justicia o la formación de ejércitos propios), a cambio de consolidar sus privilegios económicos y sociales. Por otra parte, el rey se benefició del ascenso de la burguesía comercial, de la que conseguía impuestos y préstamos que le permitían acrecentar su poder. A cambio les concedió monopolios y títulos nobiliarios.
La economía europea en los ss. XVI-XVIII.
A pesar de que todo el poder residía en el monarca, en el ejercicio diario del gobierno los reyes estaban asistidos por colaboradores personales –secretarios, ministros– y por órganos colegiados –consejos–, que no tenían poderes propios ni capacidad de oponerse a la voluntad del soberano. Las instituciones que representaban desde la edad media a la población –por ejemplo, los estados generales en Francia– dejaron de convocarse o vieron declinar su influencia ante el poder del rey.
El poder del rey absoluto estaba, sin embargo, limitado por las leyes y las costumbres del reino y por la imposibilidad técnica de acceder a todos los territorios del país y de controlar las acciones de los agentes del rey, debido a la precariedad de los medios de comunicación y del transporte. Los privilegios que los soberanos habían concedido en épocas anteriores a algunos estamentos, a los altos funcionarios e incluso a algunas regiones y ciudades dificultaban la unificación administrativa y el funcionamiento centralizado del poder.
• Los inicios del parlamentarismo en Inglaterra y en los Países Bajos
En la Inglaterra del s. XVII entraron en conflicto los defensores del absolutismo (aristocracia, Iglesia, grandes compañías comerciales) y los partidarios del control del poder del rey por el Parlamento (comerciantes, fabricantes y grandes terratenientes). Tras un duro proceso revolucionario (1640-1689) se consolidó una situación de poder compartido entre el monarca y el Parlamento, de manera que la institución parlamentaria ejercía un control sobre la gestión de gobierno. El rey juró la Declaración de derechos (1689), y él y sus ministros pasaron a ser responsables de sus actos ante el Parlamento. A pesar de que el sistema electoral utilizado en el Parlamento era muy restringido, ya que sólo una minoría tenía derecho a voto, el sistema parlamentario inglés constituyó un modelo para los detractores del absolutismo.
La revolución inglesa supuso la consolidación de la hegemonía del Parlamento, que representaba los intereses de los sectores más dinámicos de la sociedad y permitió el desarrollo del capitalismo inglés, creando las condiciones que favorecieron la primera revolución industrial.
En los Países Bajos existía asimismo un sistema de poder semiparlamentario desde inicios del s. XVII.
Pervivencia del feudalismo en el campo y capitalismo comercial
Las características fundamentales de la economía del Antiguo Régimen son la pervivencia del sistema señorial, que se manifestaba fundamentalmente en las actividades agrícolas, y el desarrollo de un capitalismo de base comercial vinculado al comercio colonial.
• Una agricultura de subsistencia poco productiva
La principal fuente de riqueza en la Europa preindustrial era la agricultura. Aproximadamente, el 80 % de la población europea vivía en el campo y se dedicaba a actividades agrícolas.
La agricultura se caracterizaba por el uso de una tecnología muy atrasada: herramientas rudimentarias de hierro y madera, energía humana y animal, práctica de la rotación de cultivos y del barbecho... La productividad era muy baja. Se trataba de una agricultura de policultivo dedicada a la subsistencia del núcleo familiar. Los cultivos más habituales eran los cereales, que constituían la base de la dieta alimenticia, ya que la producción ganadera era escasa. También se cultivaban hortalizas, vid y árboles frutales, y otros productos más especializados, como el lino y el cáñamo, de los cuales se obtenían fibras textiles que eran transformadas en productos artesanales dentro del núcleo familiar. Los escasos excedentes que se producían los años de buenas cosechas se vendían en mercados y ferias locales o comarcales.
Durante el Antiguo Régimen, en las ciudades predominaba el trabajo artesanal, controlado generalmente por la pequeña burguesía. Taller de fabricación de vidrio, grabado anónimo del s. XVIII (Colección Achille Bertarelli, Milán, Italia).
La sociedad del Antiguo Régimen padecía periódicamente la escasez de alimentos, como consecuencia de la baja productividad de la agricultura. Cualquier variación climática podía ocasionar una mala cosecha, y ello suponía el hambre para la mayor parte de la población y el desencadenamiento de conflictos sociales. Las autoridades regulaban el abastecimiento de las ciudades, estableciendo almacenes públicos de cereales, especialmente de trigo.
Los neerlandeses iniciaron en el s. XVII un proceso de renovación de la agricultura que posteriormente se produciría en otros países europeos: cambios en las técnicas de cultivo (desaparición de la rotación trienal al sustituir el barbecho por el cultivo de plantas forrajeras), mejoras en las herramientas agrícolas... Ello supuso un notable incremento de la productividad.
La forma más habitual de propiedad de la tierra era la propiedad vinculada, que permitía a su propietario explotarla económicamente y ejercer la jurisdicción señorial, pero no venderla. La mayor parte de las tierras vinculadas se concentraba en manos de los estamentos privilegiados (propiedad señorial); el resto se repartía entre el estado (tierras reales) y los municipios (tierras comunales).
• Talleres artesanales, trabajo a domicilio y manufacturas
La producción artesanal y manufacturera era escasa y ocupaba a un porcentaje muy bajo de población. La mayor parte de los productos artesanales que se necesitaban para la vida cotidiana se producían en el marco de las familias, que combinaban el trabajo de la tierra con la elaboración de productos artesanales para el uso doméstico propio.
Al margen del núcleo familiar, la producción artesanal y manufacturera se desarrollaba a través de tres sistemas:
·         El taller artesanal: En él, el maestro artesano trabajada solo o con ayuda de algunos oficiales y aprendices. La actividad de estos talleres estaba controlada por los gremios, asociaciones formadas por los artesanos que practicaban un determinado oficio en una misma población, con el fin de mantener el monopolio de su actividad, controlar las condiciones de la producción y la comercialización y regular el acceso al oficio.
·         El trabajo a domicilio o domestic system: Una forma de producción en la que un comerciante facilitaba las materias primeras y las herramientas a los campesinos y les compraba el producto terminado. Los comerciantes, animados por el aumento de la demanda de productos artesanales en el comercio colonial, buscaban un sistema de producción al margen de la estructura gremial que les permitiera obtener más productos. Para los campesinos era una forma de obtener más ingresos, al aprovechar las épocas en las que la agricultura no requería una gran dedicación.
·         Las manufacturas: Centros impulsados por el estado o por la iniciativa privada, con una importante cantidad de trabajadores, donde se elaboraban artículos destinados al mercado internacional. La producción en estos espacios permitió un mayor y más eficaz control del trabajo de los artesanos (en relación al realizado en el ámbito doméstico) y animó al mercader-fabricante a mejorar instrumentos y métodos de trabajo.
Los tres sistemas tenían unas características similares: ausencia de grandes capitales, escaso consumo de energía, poca división del trabajo y baja productividad.
• El desarrollo del capitalismo comercial
En cuanto a las actividades mercantiles, hay que distinguir entre el comercio interior y el exterior. La falta de excedentes, la precariedad de los medios de transporte y el bajo poder adquisitivo de la población dificultaban las relaciones comerciales entre las diferentes regiones de un Estado. Los intercambios se hacían en mercados locales de periodicidad semanal. También existían las ferias, mercados especiales que se celebraban una o dos veces al año y que contaban con privilegios legales. Eran famosas las ferias de Champagne y Lyon en Francia, Medina del Campo en España y Frankfurt del Main en Alemania.
El comercio internacional se desarrollaba fundamentalmente por mar y a través de compañías que habían obtenido de la corona el monopolio para comerciar en un determinado territorio a cambio de pagar al estado impuestos en concepto de transacciones comerciales. Los países que monopolizaban el comercio mundial eran Inglaterra, Países Bajos y Francia.
Amsterdam, como otras ciudades vinculadas con el comercio marítimo, vivió una época de gran prosperidad económica a lo largo del s. XVII. La plaza Dam de Amsterdam, de Jacob Van der Ulft, s. XVII (Museo Condé, Chantilly, Francia).
Para llevar a cabo su actividad, estas compañías tuvieron que resolver el problema de la acumulación del capital necesario para fletar barcos y completar su carga, así como el de protegerse ante los riesgos de la navegación a larga distancia. Para ello se crearon sociedades mercantiles que permitían reunir grandes capitales con aportaciones de diversas personas, de forma que el capitalista no corría el peligro de perderlo todo en una sola operación. El comercio colonial impulsó de forma decisiva el desarrollo económico de algunos países europeos, especialmente Inglaterra. A través de este comercio, los europeos consiguieron materias primas para las primeras industrias, vendieron productos manufacturados y acumularon capitales.
Este auge comercial favoreció la expansión de los mecanismos de crédito y el desarrollo de instituciones financieras como la bolsa o la banca. Los beneficios que se obtenían con el comercio colonial eran muy altos, y esta alta rentabilidad favoreció la proliferación de mercaderes, banqueros y prestamistas. Las ciudades vinculadas al comercio marítimo (y la burguesía que lo llevaba a cabo) alcanzaron una gran prosperidad.
• La política económica del Antiguo Régimen:el mercantilismo
El origen del mercantilismo tiene relación con la política monetaria y con el poder de los monarcas absolutos. A mediados del s. XVII disminuyó la llegada de metales preciosos de América, lo que provocó una reducción de la cantidad de moneda en circulación, una estabilización de los precios y una disminución de las inversiones.
Esta situación obligó a algunos Estados europeos a replantearse la vida económica. Partiendo de la idea de que la riqueza de un país y el poder de un Estado dependían de la cantidad de oro y plata disponibles, desarrollaron una política intervencionista que se basaba en los siguientes objetivos: acumular metales preciosos, fomentar la producción interior para poder vender al extranjero, facilitar la exportación otorgando privilegios comerciales y frenar la importación a través de medidas proteccionistas.
Con el mercantilismo, el estado intentaba controlar la vida económica y reforzar el poder absoluto del monarca. En la práctica, los resultados de la política mercantilista fueron escasos.
La crisis del Antiguo Régimen
La estructura social, política y económica que caracterizó al Antiguo Régimen entró en crisis durante el s. XVIII. Los factores que provocaron esta crisis fueron: el ascenso de la burguesía, el desarrollo de un nuevo sistema económico (el capitalismo) y la influencia ideológica del movimiento cultural de la Ilustración.
• El ascenso de la burguesía y el desarrollo del capitalismo
Durante el s. XVIII se produjo un crecimiento demográfico constante. Ello fue posible por la existencia de unas tasas de natalidad altas y una reducción de las tasas de mortalidad. El descenso de la mortalidad estuvo relacionado con las transformaciones agrícolas llevadas a cabo durante este siglo, que supusieron la desaparición de las crisis de subsistencia. El aumento de la población favoreció el crecimiento económico, ya que incrementó el numero de consumidores y proporcionó mano de obra abundante a la incipiente industria.
La demanda de productos también se vio estimulada por el crecimiento del comercio colonial, que cada vez tenía más peso en la economía de algunos países europeos, especialmente Reino Unido, Países Bajos y Francia. El aumento de la demanda potenció las actividades industriales y repercutió sobre los precios, que experimentaron una notable subida. Los grupos sociales que vivían de rentas, como la nobleza, se empobrecieron, al mismo tiempo que la burguesía se beneficiaba de la nueva situación.
A mediados del s. XVIII, el Antiguo Régimen se mostraba totalmente obsoleto y representaba una barrera para el ascenso del grupo social que controlaba los sectores económicos más productivos y creaba mayor riqueza: la burguesía.
• La crítica y las propuestas de la Ilustración
Durante el s. XVIII se extendió por Europa un movimiento intelectual, la Ilustración, que tenía como objetivo modernizar la sociedad. Las ideas de los filósofos vinculados a este movimiento sirvieron a la burguesía para expresar el modelo social, político y económico que deseaba.
Las ideas de la Ilustración se centraron en tres valores fundamentales: razón, naturaleza y progreso. La razón aparecía como el único medio para entender el mundo, por encima de la tradición o la religión. Los ilustrados creían que la naturaleza es una fuente de justicia y de bondad, y confiaban en la idea de progreso, entendido como un medio de perfeccionamiento de las personas. Este progreso estaba obstaculizado, según ellos, por las estructuras del Antiguo Régimen, contra las cuales realizaron sus críticas y propuestas:
·         La religión: Criticaban las religiones reveladas porque se basaban en una fe irracional y se imponían por la fuerza. Eran deístas: creían en una religión natural, ya que la razón exige la necesidad de un creador y permite la libertad religiosa. Condenaban la intolerancia religiosa.
·         La sociedad: Se oponían a un sistema que organizaba la sociedad según el nacimiento y la desigualdad. Eran partidarios de una sociedad donde todas las personas gozasen de los mismos derechos y en la que las únicas diferencias dependiesen de la valía y de la inteligencia de cada uno.
·         La economía: Criticaban el mercantilismo y afirmaban que la agricultura era la principal fuente de riqueza. Defendían la libertad de producción y de comercio.
·         La política: Se oponían a la monarquía absoluta de derecho divino y configuraron las bases del liberalismo político. Defendían la separación de poderes y la soberanía nacional.
Los filósofos de la Ilustración configuraron una nueva concepción del poder. Montesquieu, en su obra El espíritu de las leyes, se declaraba partidario de un sistema de gobierno parlamentario y de la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Jean-Jacques Rousseau definió el contrato social como fruto de un pacto entre todos los ciudadanos y planteó el principio de soberanía nacional según el cual el poder emana del libre consentimiento de todos los ciudadanos expresado a través del sufragio. Voltaire defendió la tolerancia y la humanización de las instituciones.
Las ideas de la Ilustración se extendieron por Europa. Sin renunciar a su carácter de monarcas absolutos, algunos soberanos intentaron, con escaso éxito, unas reformas que pretendían unir la autoridad real con la idea de progreso que propugnaba la Ilustración: el despotismo ilustrado.
Dos grandes revoluciones destruyeron la economía, la sociedad y la política del Antiguo Régimen. Por un lado, la revolución liberal, que destruyó el modelo social y político. Por otro, la revolución industrial, que abrió el camino al capitalismo industrial y superó las limitaciones que el modelo económico feudal había impuesto al crecimiento de la producción. Fueron precisamente los revolucionarios franceses quienes crearon la expresión Antiguo Régimen para referirse a la situación anterior a la revolución de 1789 que ellos habían protagonizado.

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