Thursday, February 22, 2018

La edad de los metales


La aparición de la metalurgia y sus consecuencias
Se denomina edad de los metales al período de la prehistoria, posterior al neolítico, durante el cual se inició la utilización de metales para fabricar utensilios. El cobre, el bronce (aleación de cobre y estaño) y el hierro fueron los primeros metales empleados. El bronce y el hierro dan nombre a las dos últimas etapas de la prehistoria, que abarcan desde fines del neolítico hasta la expansión del Imperio romano (hacia el inicio de la era cristiana). Cuando los romanos difundieron la escritura entre los países de su Imperio, la mayor parte de Europa dejó atrás la prehistoria y entró en la historia.
Los primeros metales usados fueron los más blandos. En primer lugar se utilizó el cobre, que puede ser doblado, modelado y reducido a láminas. Sometido a la acción del calor, el cobre pasa a estado líquido y adquiere la forma del molde donde se vuelca; al enfriarse, conserva esta forma y adquiere la dureza de una piedra. La fundición del cobre requería hornos capaces de lograr temperaturas próximas a los 700 °C.
Casco de cimera crestada en bronce (ca. 1000 a.C.), perteneciente a la etapa del bronce final y procedente de Chalon-sur-Saône (Museo Vivant Denon, Chalon-sur-Saône, Francia).
El desarrollo tecnológico de los sistemas de fundición permitió unir el cobre con el estaño y obtener el bronce (más duro y resistente que el cobre). Durante unos 2.000 años (la edad del bronce) éste fue el metal más usado. La búsqueda de cobre para confeccionar el bronce impulsó las técnicas de la minería. El perfeccionamiento de las técnicas metalúrgicas derivó en el uso del hierro, más difícil de trabajar pero más resistente. Con ello se inició la edad del hierro.
• Controversia sobre su desarrollo y causas
La utilización de los metales no se desarrolló en la misma época en todas las zonas. Hasta hace pocos años se creía que la metalurgia del cobre había surgido en un único punto y desde allí se había difundido al resto del mundo. Sin embargo, las investigaciones actuales y los análisis arqueológicos recientes permiten afirmar que la aparición de la metalurgia se produjo mediante procesos paralelos en zonas geográficas diferentes, en cada una de las cuales se desarrolló simultáneamente una serie de condiciones sociales y tecnológicas.
Al parecer, el uso del bronce comenzó en Egipto y en el Próximo Oriente hacia finales del IV milenio a.C. En Europa central y en el Mediterráneo el bronce apareció durante el III milenio a.C. y se prolongó hasta 1000 a.C. La adopción de los metales fue un proceso gradual, relacionado con el desarrollo socioeconómico general, fomentado por factores como las relaciones entre grupos humanos diferentes, el intercambio de objetos de prestigio, la competitividad y la emulación.
Tradicionalmente, la edad de los metales ha sido presentada como una etapa de cambios importantes, en la cual el uso del metal propició importantes cambios culturales. Sin embargo, los investigadores actuales afirman que el uso de los metales no es la causa sino la consecuencia de la aparición de nuevas situaciones socioeconómicas. Para producir objetos de cobre se requerían por lo menos tres condiciones: conocimientos técnicos previos (por ejemplo, la construcción de hornos); la existencia de una tradición artesanal (es decir, que existieran individuos que dedicaran su tiempo –total o parcial– a la manufactura de productos que exigen cierta habilidad y conocimientos especializados); y cierto desarrollo comercial (pues el objetivo de los productos elaborados es el intercambio por otros productos). Por tanto, el uso de los metales no es el único rasgo definidor de este período.
• Una gran complejidad social
En el aspecto social durante la edad del bronce se produjo un importante desarrollo demográfico, un abandono parcial de la trashumancia y una lenta tendencia al sedentarismo. En este período aparecieron también las primeras sociedades complejas, es decir, con una estructura de grupos claramente diferenciados y jerarquizados. Esta complejidad se plasma en la existencia de ajuares funerarios desiguales, en la fortificación de algunos poblados y en la evidencia de diferencias entre unos poblados y otros. Todo ello revela la existencia de grupos con funciones sociales diferentes y relaciones de interdependencia (dentro de los poblados y entre ellos). Asimismo, en este período se formaron los primeros reinos (varias ciudades bajo la autoridad de un único rey) e imperios (varios reinos con culturas diversas bajo la autoridad máxima de un emperador).
Hachas pertenecientes al calcolítico, período de la prehistoria que sigue al neolítico y precede a la edad de bronce; se caracterizó por el uso del cobre (Museo Boucher-de-Perthes, Abbeville, Francia).
Parece ser que esta complejidad tuvo una relación directa con la aparición de la metalurgia. El dominio de la técnica de los metales o su posesión determinaban el poder y la riqueza de cada individuo y familia, lo que se tradujo en la formación, dentro de estas sociedades, de una minoría de privilegiados y una mayoría de subordinados (incluso esclavos). Con el uso del hierro las tecnologías agrícolas y ganaderas permitieron una producción más segura, que hasta dio lugar a la existencia de excedentes agrarios. Los metales desplazaron el uso de la piedra (menos resistente y más difícil de trabajar) en la confección de herramientas agrícolas, de armas, de utensilios y de adornos. Las hachas de metal, mejores que las de piedra, facilitaron el derribo de los árboles y el cultivo de vastas extensiones de terreno, así como la caza de animales, la construcción de embarcaciones resistentes y la edificación de ciudades.
Este desarrollo impulsó la aparición de nuevos inventos y técnicas: el arado tirado por animales (que permitió ampliar las áreas de cultivo), la construcción de diques y canales de regadío (con la finalidad de aprovechar mejor el agua), el carro con dos ruedas y la fabricación de monturas para los caballos.
Las sociedades del bronce
La edad del bronce se divide en tres etapas: bronce antiguo (1800 a.C.-1450 a.C.), bronce medio (1450 a.C.-1250 a.C.) y bronce final (1250 a.C.-800 o 750 a.C.). El bronce se utilizó especialmente para la fabricación de cuchillos, espadas y puñales. Los fundidores de bronce utilizaban moldes de piedra. El metal fundido se vertía dentro del hueco del molde y se tapaba con una piedra plana; cuando el metal fundido se enfriaba, se quitaba la tapa y se procedía a extraer la figura ya moldeada.
Una de las obras magistrales de la fundición del bronce en hueco es el carro de Trundholm (1300 a.C.), hallado en Dinamarca. Incluye una reproducción del Sol en forma de disco sobre un vehículo tirado por un caballo. Su significado, de tipo ritual, simboliza la íntima relación de la humanidad con este astro. El culto solar también se manifiesta en las pinturas rupestres de la edad del bronce, frecuentes en los Alpes y en los países escandinavos. Es de especial relevancia el conjunto de Bohuslän (Suecia), en el que se representan discos solares, manos, animales, armas, carros y embarcaciones.
• La cultura de Unetice o Aunjetitz
Una de las culturas más representativas del bronce antiguo, con una fuerte base metalúrgica, fue la cultura de Unetice o Aunjetitz, desarrollada en torno a 1700 a.C. en Chequia y Eslovaquia, desde donde se extendió a gran parte de la Europa centrooriental.
Los poblados estaban formados por viviendas rectangulares o circulares, semiexcavadas en el suelo y con fosas subterráneas. En esta zona los recursos minerales eran muy abundantes y la mayor o menor distancia entre yacimientos y poblados marcaba las diferencias entre éstos. Se trata, pues, de sociedades complejas, en las que existían claras diferencias dentro de cada sociedad y entre las distintas poblaciones. En este caso se puede aplicar el concepto de centro y periferia, ya que existía una fuerte competencia entre la zona nuclear, con metal abundante, y la zona periférica, donde el metal era escaso o inexistente.
Dentro de cada población la complejidad social se plasma a través de la existencia de tumbas de gran riqueza y de otras más modestas. Los caudillos se hacían enterrar bajo túmulos de piedra y tierra de grandes dimensiones, junto con grandes riquezas en forma de objetos de metal (dagas, alfileres, joyas, corazas, cinturones, etc.).
Las piezas de cerámica campaniforme (2000-1500 a.C.), procedentes de la necrópolis de Ciempozuelos (Madrid), son uno de los conjuntos de cerámica más significativos, hallados en la península Ibérica (Museo Arqueológico Nacional, Madrid, España).
La cultura de Unetice se divide en tres etapas, debido a las diferencias tecnológicas. El Unetice temprano (1800 a.C.-1650 a.C.) se caracteriza por la existencia de viviendas semiexcavadas en el suelo y tumbas en cista o fosa, con ricos ajuares y cubiertas por túmulos. En el Unetice clásico (1650 a.C.-1550 a.C.) se encuentran tumbas de mujeres y de niños, lo cual revela la existencia del matrimonio y de sistemas de herencia; además, también aparecen arneses de caballos. En el Unetice tardío (1550 a.C.-1450 a.C.) el caballo se confirma como indicio social de riqueza y símbolo de un estatus social superior.
Durante este período, en la mayor parte de Europa occidental se mantuvo el modo de vida del calcolítico, excepto en zonas en contacto con Centroeuropa que formaban parte de la cultura de Unetice, como las culturas del Ródano y de Polada.
En la zona occidental o atlántica el desarrollo de la metalurgia y de la orfebrería se dio al final del período megalítico; coincidió con una notable deforestación, como consecuencia de la expansión de la agricultura y la ganadería.
• Las culturas de los Millares y del Argar
Las culturas del bronce antiguo y medio tuvieron un importante desarrollo en dos zonas del sudeste de la península Ibérica: la costa de Almería (la cultura de los Millares) y las actuales provincias de Almería, Jaén, Granada y Murcia (cultura del Argar).
Alrededor de 2400 a.C. el poblado de Los Millares (situado en Gádor, Almería) constituyó uno de los primeros focos metalúrgicos de la península Ibérica, destacando por el trabajo del cobre. Situado en una meseta semiárida, el poblado estaba protegido por una muralla y una poderosa red de fortines. Este sistema de defensa hace pensar en la necesidad de proteger los excedentes agrarios que proporcionaba la metalurgia.
La cultura del Argar (por el nombre de este yacimiento, situado cerca de Antas, Almería) fue la primera del Occidente europeo que utilizó el bronce a gran escala. Las excavaciones arqueológicas han hallado hornos, panes de metal para fundir y escorias de fundición. Se producían puñales, alabardas, espadas cortas, hachas, punzones, collares, brazaletes y diademas.
La cultura del Argar se caracteriza por la localización de los poblados en cerros amurallados, desde los cuales se controlaba el territorio. Las viviendas eran rectangulares, grandes y sólidas, construidas con grandes cantos rodados unidos con argamasa. Las tumbas se localizaban bajo las casas; los ajuares incluían armas (era una sociedad guerrera), y objetos de oro, plata y bronce. Las tumbas presentan diferencias muy notables.
A partir de la interpretación de dichas tumbas se deduce que la producción metalúrgica beneficiaba exclusivamente a la clase social dirigente, y no a los agricultores y ganaderos, ya que las herramientas de trabajo de éstos seguían siendo de piedra y madera.
• La cultura de los túmulos
En Centroeuropa el bronce medio fue el período de la cultura de los túmulos (cistas de piedra cubiertas de tierra, que forman un pequeño montículo), bajo los cuales eran enterrados los miembros de la clase dirigente. Se desarrolló, aproximadamente, de 1500 a.C. a 1200 a.C.
La cultura de los túmulos comprendía el área situada entre los Alpes, la Baja Sajonia y los ríos Mosa, Sena y Óder. En ella se han encontrado numerosas necrópolis, las mayores de las cuales comprenden hasta 500 tumbas, con ajuares formados por piezas de cerámica, objetos de metal y ofrendas de animales. La base económica de estas sociedades era la agricultura y la ganadería (inicio de la cría de caballos); la metalurgia alcanzó una gran perfección técnica. Las poblaciones situadas en la zona más septentrional exportaban ámbar a otras zonas de Europa. Según parece, el comercio del ámbar impulsó la introducción de la fundición del bronce.
Canoas y figuras humanas cazando. Los grabados de Tanum (Suecia), que pertenecen al período del bronce final, constituyen el testimonio de la presencia de una cultura sedentaria en los países escandinavos.
Entre los pueblos que difundieron el uso de este metal destacan los conocidos con el nombre de cultura del vaso campaniforme, debido a la presencia en sus sepulturas de vasijas de cerámica con forma de campana, moldeadas a mano y profusamente decoradas con líneas incisas. Los pueblos del vaso campaniforme eran nómadas y, probablemente, guerreros (según se deduce de la abundancia de armas encontradas en sus tumbas).
En la costas del mar Egeo el bronce medio corresponde al período de la civilización micénica.
• La cultura de los campos de urnas
Alrededor de 1200 a.C., en los inicios del bronce final, apareció en Centroeuropa la cultura de los campos de urnas, denominada así por los originales hábitos funerarios de estas sociedades: incineración de los cadáveres y conservación de sus cenizas en urnas, enterradas formando extensas necrópolis.
La cultura de los campos de urnas se extendió por el Danubio medio, Bohemia, Polonia, Alemania central, norte y centro de la península Itálica, Francia y el valle del Ebro. Su economía era agrícola y ganadera. Los campos de cultivos estaban bien organizados; se utilizaban arados de madera endurecida y hoces de bronce; se introdujo la ganadería estabulada y se generalizó el uso del carro. El hábitat era muy estable (la ocupación de un lugar se prolongaba durante siglos). Estas sociedades se caracterizaron por una progresiva especialización laboral de la población y por un creciente expansionismo bélico.
La edad del hierro
Tras la edad del bronce se desarrolló la edad del hierro, caracterizada por el empleo de utensilios y armas de hierro. El uso de este nuevo metal implicó una ruptura respecto a la época anterior. El cobre y el bronce no habían alcanzado una difusión generalizada en la sociedad, ya que eran metales escasos y su búsqueda, transporte y transformación eran procesos difíciles y caros. Por ello, los objetos fabricados con bronce y cobre fueron considerados siempre auténticas joyas, que sólo las clases superiores podían adquirir y utilizar.
El hierro, abundante y fácil de extraer, alteró esta situación, ya que mejoró notablemente las condiciones de vida de la población en general e hizo más fácil el trabajo en el campo, pues permitía fabricar todo tipo de utensilios para la producción agrícola. También facilitaba la fabricación de armas más fuertes y resistentes, por lo que los pueblos que contaban con armas de hierro provocaron la decadencia progresiva de las sociedades aristocráticas de la edad del bronce.
• La expansión del hierro en el Próximo Oriente
En el Próximo Oriente aparecieron instrumentos de hierro en el III milenio a.C. En el s. XIII a.C. su uso alcanzó un importante desarrollo en la península de Anatolia (actual Turquía), especialmente en la cultura hitita. Este pueblo tuvo el monopolio del hierro durante siglos, ya que sus reyes y jefes guardaron el secreto de su fabricación. En los últimos siglos del II milenio a.C. se produjo una crisis demográfica y productiva en esta región del Próximo Oriente, pues los príncipes exigían tributos enormes que la población no podía satisfacer. Por esta razón se inició el pago de impuestos en personas, lo que produjo un fuerte descenso de la natalidad, éxodos masivos, bandidaje y piratería.
Las culturas que conocían el hierro, el carro y el caballo se expandieron con rapidez, mediante enfrentamientos bélicos o gracias a movimientos migratorios. Posteriormente, las relaciones comerciales impulsadas por griegos y fenicios impulsaron la expansión del hierro hacia Europa occidental. Entre los ss. VI y III a.C. aparecieron en Europa la cultura clásica griega, la cultura villanoviana en Italia y la cultura de La Tène en Europa central. El desarrollo a gran escala de la agricultura, de los intercambios y de los poblados fue una característica destacada de este período.
Tartessos y fenicios. El bronce final y la primera edad del hierro en la península Ibérica durante los ss. X-VI a.C.
No existe consenso sobre las razones que impulsaron a fundir el hierro. Para algunos historiadores, su uso comenzó por casualidad. Otros afirman que su objetivo inicial era decorar piezas de bronce. Para otros, el hierro era un metal barato que sustituyó al bronce en las tumbas debido al alto coste de las piezas de este metal, que, de esta manera, podían seguir siendo utilizadas por los herederos.
La minería y la metalurgia del hierro pusieron en marcha una estructura social cada vez más definida, ya que el aumento de la producción agrícola, provocado por el uso de utensilios de hierro, permitió la existencia de mayores excedentes agrarios. Éstos hicieron posible que cada vez más personas pudieran dedicarse a actividades no agrícolas (artesanos, comerciantes, soldados, sacerdotes, etc.). Las diferencias sociales se hicieron notables y aparecieron las primeras sociedades propiamente urbanas.
• La edad del hierro en Europa
En el continente europeo la edad del hierro se ha dividido en dos etapas: la primera edad del hierro, también denominada cultura de Hallstatt (1100 a.C.-450 a.C.), y la segunda edad del hierro o cultura de La Tène (450 a.C.-50 a.C.). En Europa el uso del hierro no se generalizó hasta la segunda edad del hierro.
La cultura de Hallstatt
La primera cultura europea que se puede clasificar plenamente dentro de la edad del hierro es la cultura de Hallstatt. En esta localidad de los Alpes austriacos, emplazada a orillas de un lago, los arqueólogos han descubierto más de 2.500 tumbas de hombres que trabajaban en minas de sal (elemento básico para condimentar y conservar los alimentos). En la zona existían, asimismo, yacimientos de mineral de hierro.
Puñal de hierro con antenas y su correspondiente vaina (Museo de Historia Natural, Viena, Austria). En la II fase de la cultura de Hallstatt aparecieron las espadas cortas y los elementos ornamentales son frecuentes.
La rápida expansión de la cultura de Hallstatt fue protagonizada por grupos dirigentes de guerreros a caballo, que controlaban la metalurgia del hierro. Estos grupos tenían una riqueza extraordinaria, plasmada en sus enterramientos. Éstos incluyen armas (espadas de hierro y de bronce, dagas, hachas y cascos, arneses de caballo, carros de guerra, etc.), utensilios variados (cuencos de bronce, calderos y tazas, vasos de cerámica, etc.) y objetos de adorno (ornamentos de bronce, hierro y oro; fíbulas, joyas, agujas, placas de cinturón, cuentas de ámbar y de cristal, etc.).
El hierro permitió importantes progresos técnicos en la construcción de vehículos, necesarios para el transporte de mercancías. Una de las tumbas mejor conocidas es la de Vix, al este de Francia, donde se ha hallado un enterramiento femenino del s. VI a.C. con un ajuar compuesto por un carromato desmontado de cuatro ruedas y una gran cratera (recipiente para mezclar agua y vino) de bronce. Esta cratera era griega, lo que indica que existían relaciones comerciales directas entre Europa y las colonias helenas del Mediterráneo occidental.
El contacto de las poblaciones de la cultura de Hallstatt con los navegantes griegos y fenicios fomentó la aparición de estructuras sociales más complejas y el invento de alfabetos primitivos. De esta manera, el Occidente europeo, al entrar en contacto con los colonizadores griegos y fenicios, ingresó en la historia.
La cultura del período de Hallstatt fue desarrollada por los pueblos celtas, ilirios y vénetos, así como por otros pueblos cuyos nombres no se conocen. Se cree que el desarrollo de las técnicas de fundición del hierro se debió a los celtas; de hecho, con frecuencia se identifica la cultura de Hallstatt con la celta.
La crátera griega de Vix (500 a.C.), procedente de la tumba del mismo nombre, situada en Mont Lassois (Borgoña, Francia), hace patente la relación que existía entre la cultura de Hallstatt y el mundo mediterráneo.
Las llanuras fueron sustituidas progresivamente por los terrenos altos como lugares de hábitat. La ganadería, adaptable a la altura, sustituyó como base de la economía a la agricultura, más propicia a las zonas bajas. Al analizar los restos de alimentos, se comprueba un significativo aumento del consumo de carne, que provocó la necesidad de la sal para su conservación. Así se explican el auge que tuvieron en esta época las minas de sal y la existencia de lugares como Hallstatt.
La cultura de La Tène
La segunda edad del hierro se identifica con la cultura de La Tène, población situada junto al lago de Neuchâtel (Suiza). Esta etapa, que representó el apogeo de la edad del hierro, se desarrolló en el período comprendido entre la cultura de Hallstatt y la conquista romana (450 a.C.-50 a.C.). Prácticamente identificada con la cultura celta, sobre ella actuaron influencias escitas (por medio de la cultura de Hallstatt), griegas y etruscas.
Originada en la región de las actuales Baviera, Austria y Hungría, la cultura de La Tène difundió la civilización urbana, caracterizada por la aparición de ciudades en puntos elevados, y la cultura celta en un territorio que había quedado culturalmente rezagado (Bohemia, islas Británicas, península Ibérica). Se generalizó la práctica de la inhumación y la incineración, con tumbas de grandes dimensiones y ricos ajuares. Sus movimientos migratorios, masivos y a larga distancia, se apoyaron en armas nuevas y eficaces. La más importante de ellas fue la espada larga de hierro, que los guerreros llevaban en el costado derecho.
Los pueblos de La Tène se organizaban mediante un sistema de clanes y hablaban la lengua celta. Su religión se basaba en la sacralización de algunos elementos naturales, como los bosques y los manantiales. Destacaron por la construcción de fortificaciones en las cumbres, la acuñación de monedas propias y la elaboración de escudos alargados y grandes hebillas y fíbulas.

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